Resumen 2015

En el ámbito social, Chino no deja de ser protagonista: entre su relación amorosa que ha sido todo un culebrón venezolano y su ERE interruptus, nos ha dado mucho tema de conversación. Al final, parece que todo se ha resuelto satisfactoriamente: su relación está encarrilada y su despido ha vuelto a ser firme. Todo apunta a que en cualquier momento se nos vuelve a Tenerife (pero que se olvide de que le regalemos otro jamón). El que si nos abandonó fue Erwann, al que le salió una oportunidad laboral en Barcelona (un placer conocerte «Air Force») y otro que nos abandona en 2016 es Paulino, que inicia una aventura profesional en Galicia.

En el apartado de buenas noticias, destaco principalmente el final feliz de los «sustos» de la mujer e hija de Alberto y la incorporación al club de los «50» de José. Y cómo no, la paternidad de Txomin ¡enhorabuena!

Y en lo estrictamente gastronómico, este año, con un 7,59, creo que ha sido bueno. Hemos tenido un lunar como todos los años, pero ha habido descubrimientos muy interesantes. Y, claro, reseñar el cambio de sede navideña, obligado por la jubilación de Quinito. Manolo es un gran sustituto.

Y no puedo dejar de mencionar la creación de una Sociedad paralela en el Papiol, con alquiler de local incluido, donde preparan sus propias cenas. Por todo lo que disfrutan, auguro un esplendido futuro a esta iniciativa.

Como resumen, paso a comentar brevemente cada una de las cenas:

Enero, Tandoori Station (7,28): Exotismo «made in Angulo» en forme de restaurante indio. Interesante elección, aunque tuvo la pega de que estuvimos separados en dos mesas, lo que hizo que prácticamente fueran dos cenas separadas. Comida picante pero de calidad y precio contenido.

Febrero, Membibre: Esto empieza a ser como los partidos Real Madrid-Barça, que siempre son el partido del siglo. Pues aquí nos pasa algo parecido, que siempre opinamos que ha sido insuperable. .

Marzo, El quinto vino (7,37): Taberna madrileña, con algunos grandes platos (croquetas, ensaladilla, tortilla y pimientos rellenos, especialmente). El toque especial del Chino, que volvía a la ronda de turnos de elección.

Abril, beaucoup! (7,15): La elección de Erwann en la que, a la postre, fue una de sus últimas cenas (por su retorno a Barcelona). Restaurante francés correcto y con buen trato, aunque estábamos en medio de un follón impresionante. A recordar el pan y la jefa de sala (que «enamoró» a más de uno).

Mayo, Taberna Origen (7,94): Uno de los descubrimientos del año, en la línea de Gumi de contención de precios. Desde la mesa alta y los taburetes, la cerveza y, por qué no decirlo, la encantadora camarera marroquí, hasta las excelentes raciones que degustamos. Cenamos muy bien por un precio muy comedido.

Junio, El Fogón de Trifón (8,50): Un sitio que había que probar, aun a pesar de los 100 euros (¿tal vez excesivos?). Esos callos, sin lugar a dudas los mejores que hemos probado, merecen una visita monográfica. Y qué decir de los postres, para los que Iñigo inauguró una nueva valoración: “Asterisco de Asterix, y obelisco de Obelix”. “¡¡Obelisco a los postres!!”.

Julio, La Piparra (6,00): El fracaso del año. Vinos que no venían en condiciones y platos que no decían gran cosa.

Septiembre, La Chusquery (7,88): Sitio original y sorprendente (a primera vista parece una tasca más del centro de Madrid, y no te esperas el tipo de cocina de «vanguardia» que preparan). Otro «descubrimiento» agradable del año.

Octubre, Cañadio (8,68): Vencedor absoluto de este curso. Y aun precio irrisorio (se notó la mano del abogado en la negociación). No era de extrañar lo abarrotado que estaba el local, tanto en barra como en mesas. Comida, bebida y trato de lujo.

Noviembre, Larrauri (7,48): Cena de la nostalgia, volviendo al lugar que ocupó Quinito tantos años. Aparte de lo histriónico del cocinero (yo me reí mucho con él, aunque por momentos parecía que representaba un papel un tanto exagerado, como de vasco de «Vaya Semanita»), sorprendió ver el local tan iluminado y con ambiente. ¡si había hasta chicas!

Diciembre, Membibre: Estreno de Membibre como sede navideña. El cambio es enorme, no en lo gastronómico, sino en el formato. Pasamos del ambiente familiar, íntimo y, en los últimos años, de llevar un montón de comida para compartir, a un formato más encorsetado, en un restaurante a rebosar (no estábamos solos ni en el reservado). Pero la comida fue excepcional, tal vez con el lunar del exceso de picante en los callos. Y todavía sigue abierta la polémica sobre las indisposiciones gástricas que sufrieron algunos de los miembros en los días posteriores. Unos apuntan a un virus y otros a intoxicación por las ostras.

En cualquier caso, se inicia una nueva era en nuestra Sociedad que nos seguirá deparando, a buen seguro, muchas satisfacciones.

http://sogacapa.com/?page_id=1511