Resumen 2014

En el ámbito social, Chino vuelve a acaparar, por tercer año consecutivo, los titulares: su querido ERE se fue al traste y tuvo que retornar a Madrid. Eso no fue obstáculo para su relación amorosa, ya que la jueza se vino para Madrid. Y nos permitió verle regularmente durante todo el año. 

Este año también hemos aumentado la familia, con incorporación desde más allá de los Pirineos, Erwan. El que fuera vecino de Iñigo, se ha integrado rápidamente y ya es uno más.

Y en lo estrictamente gastronómico, este año, con un 7,35, hemos bajado un poco la nota, motivado por los “lastres” del Royal Cantonés y, especialmente, el Mercado de Espronceda. En cualquier caso, hubo ocasión de descubrir sitios interesantes y revisitar alguno de los clásicos, aunque lo más destacable sea el cierre de nuestra sede, “Don Joaquín”. Va a ser muy difícil reemplazarlo. Membibre parece la opción más acertada (sólo nos queda preparar una placa).

Como resumen, paso a comentar brevemente cada una de las cenas:

Enero, Or-dago (8,65): Excelente comienzo de año. Uno de mis restaurantes preferidos y encima con un precio «regalado», la combinación perfecta para empezar el curso con grandes expectativas. Excelente cena, en lo gastronómico, en el vacile con la camarera, pero sobre todo, porque era la cena de despedida de Chino (que se llevó camiseta y jamón) que se nos iba a Tenerife (aunque volvió unos meses después).

Febrero, Membibre: Clásico de la cena de aniversario con Manuel Membibre. Esta vez Manolo nos preparó un menú sublime (algunos, emocionados, salían diciendo que había sido la mejor cena de su vida). Si hubiera que destacar algo, sería la lamprea por la novedad (prácticamente la primera vez para todos), aunque me quedo con el excepcional ambiente en el comedor privado y los comentarios de Manolo (por cierto, en el día de su cumpleaños) sobre el nuevo ayudante americano que se le había instalado en la cocina.

Marzo, La Catapa (7,74): Buena elección del abogado. Salimos plenamente satyisfechos del menú que nos prepararon, si bien el ruido ambiente se hizo notar.

Abril, Royal Cantonés (6,03): La apuesta de Juanle por «el mejor Chino de Madrid» fue todo un fiasco. Eso sí, nos reímos mucho con las anécdotas de la noche, como el cable que tiraron desde la tienda de al lado para poder tener luz en el restaurante.

Mayo, Casa Meño (7,62): Excelente combinación de estilos, pero con el punto común de la buena cocina casera. El trato excelente.

Junio, Betelu (8,33): Estreno de Orio como organizador, con muy buena nota. Magníficos pescados y acierto en el vino.

Julio, Mercado de Espronceda (5,57): Paulino siempre había acertado con sus propuestas pero, toda regla tiene su excepción, y en esta ocasión su elección fue la decepción del año (que consiguió un aprobado raspado).

Septiembre, Alcaravea (7,41): Creo que fue un acierto de elección de sitio, menú (el único pero el abuso de queso en las recetas) y, sobre todo, precio. Las camareras muy simpáticas. El lunar del final, cuando casi nos echan, obligándonos a tomar la copa en la barra (y rapidito que cerramos), deslucieron la valoración del lugar.

Octubre, El Padre (7,36): Cena agradable, en espacio abierto pero privado a la vez. Precio muy ajustado y comida de calidad. Pudimos disfrutar de divertidas conversaciones.

Noviembre, La bodega de los secretos (8,11): Aparte de los platos, que estuvieron a muy buen nivel, lo más destacado sería el local. Un sitio para repetir en compañía más íntima. También hay que destacar que bebimos poquísimo vino (y eso que estaban estupendos, tanto el blanco como el tinto).

Diciembre, Don Joaquín: Esta comida se convirtió en la más especial, ya que es la última vez que pisamos este local. Quinito se nos jubila, dejando un profundo agujero en nuestro corazón y en nuestro estómago. Eso sí, la despedida estuvo a la altura, ya que Iñigo y Orio se encargaron de los vinos, lo que unido a las viandas que trajimos y lo que aportó el propio Quinito (con un menú que previamente le había indicado yo, de lo mejor de su repertorio), dio como resultado una comida irrepetible y casi perfecta. Y sí, cantamos (yo estaba desatado después de tanto tiempo sin hacerlo, y me lance a por todo el repertorio sin solución de continuidad). Tras el tradicional mus en el Tomillar, la sesión en el Atómico estuvo marcada por un «encontronazo» con un matrimonio que estaba en la barra.

Puntuaciones 2014