Resumen 2013

En el ámbito social, Chino ha consolidado su “pasión canaria” (que comentaba en el resumen del año pasado) y anunció su traslado a Tenerife, a disfrutar de la vida y de su gran amor. Le deseamos toda la suerte del mundo. Te echaremos mucho de menos (eso sí, ha prometido que seguiremos viéndole por Navidad). Por el contrario, este año incorporamos de manera oficial un nuevo miembro, el tercer Iñigo (apodado como Orio, desde los tiempos en los que compartíamos equipo de rugby en Bilbao), que se ha destacado por ser una magnífica incorporación.

Y en lo estrictamente gastronómico, este año, con un 7,92, hemos recuperado la senda de las buenas notas. En general, ha sido un gran año, con algunos descubrimientos y experiencias muy interesantes, como la “aventura de la cerveza” en La Tape.

Como resumen, paso a comentar brevemente cada una de las cenas:

Enero, Las Tortillas de Gabino (8,37): Excelente comienzo de año. La cena de calidad, la conversación, que monopolizó el Chino con sus aventuras, muy entretenida (desató carcajadas a volumen “orco”) y el precio más que ajustado, nos hicieron disfrutar como cerdos en el barro.

Febrero, Membibre: Clásico de la cena de aniversario con Manuel Membibre. Esta vez muchos nos animamos a probar un congrio (tamaño ballena) que nos llamó la atención en el escaparate (aunque luego nos defraudó un poco). Polémica con la fecha, que hubo que cambiar a última hora (causando algún que otro trastorno a Txomin). A las sorpresas que nos preparó Manolo, añadimos aportaciones propias, como el queso que trajo el Chino, el vino de Paulino y el ron de Iker. Cantidad de cena más que generosa, que propició que varios comensales no pudieran acabar su plato (aunque ya hubo “samaritanos” que les ayudaron en la tarea).

Marzo, La Cesta de Recoletos (7,24): Opiniones encontradas. El menú y el precio gustaron, pero la cadencia de los platos fue lenta. Y se echó de menos algún postre.

Abril, Mesón Txistu (7,76): Cena a buen nivel, de calidad y con precio ajustado (que previamente había negociado Iñigo) con “todo incluido”. Juan trajo un queso espectacular que nos sirvieron al comienzo de la cena. Incluso pudimos ver a un par de estrellas del Madrid de basket.

Mayo, Taberna Matritum (7,47): No estuvo a la altura de la última vez que estuvimos aquí. Y el servicio fue muy lento. En cuanto a los platos, un par de ellos muy buenos (bombones de ternera y pulpo) pero otros mediocres (hojaldre de rabo de toro y coulant de chocolate).

Junio, Bula (8,33): Uno de las mejores notas del año. A destacar la “recuperación” de platos tradicionales de Madrid, que llamaron mucho la atención. Lo mejor los entrantes y los postres.

Julio, La Mar (7,68): Puede que recordemos esta cena más por lo que pasó después (el coche de Erwan, invitado de Iñigo, había sido robado) que por la cena en sí. El maître con muchas ganas de agradar (el restaurante lo había montado el hermano de un amigo mío), aunque la cena no provocó grandes elogios. Destacaría lo a gusto que estuvimos en la terraza, la degustación de kétchups que trajo Erwan y los brindis por la paternidad de Turiel. Ah, y los celos de Iñigo por llevarme a Orio a escoger el vino para la cena.

Septiembre, La Tape (8,51): ¡Toda una experiencia! Nos encantó la novedad de una cena con cervezas y las explicaciones de Aurora (que provocó los mismos elogios que la cena en sí). La cena más especial del año.

Octubre, La Cantina de la estación 4 torres (7,45): Cena donde primó más escuchar el relato de las andanzas de nuestro presidente que los propios alimentos.

Noviembre, O’Curruncho (8,51): Excelente cena, abundante y baratísima. Se llevó, merecidamente, la mejor nota del año, en empate técnico con “La Tape”. Y las caras que ponía el matrimonio maduro de la mesa de al lado ante los gritos de Iñigo contando sus historias, para enmarcar. Estuvimos como en casa.

Diciembre, Don Joaquín: Como ya es tradición, salón para nosotros solos. Y cada año traemos más comida, montando un pequeño follón en la barra del local (consiguiendo estresar al bueno de Quinito). Por cierto, vamos a tener que regalarle un juego de cuchillos, porque no había manera de preparar las viandas que habíamos traído. Llegará un momento en que Quinito nos deje el local y no cocine nada. Tal vez, lo único que se salió del guión habitual fue el pequeño cisma que se montó con el vino blanco que pidió Iñigo (que tuvo que ir Alex a buscar). Ah, y esta vez no hubo dardos.

Puntuaciones 2013