Resumen 2011

Un año más, y ya estamos a punto de cumplir los 12. Y con más fuerza que nunca. Atrás quedaron las cenas con 5 personas y una sensación de proyecto agotado. Las nuevas incorporaciones han traído savia nueva e ilusión, y las celebraciones de este año se han cubierto con asistencias masivas, máxime teniendo en cuenta que Iñigo y Juanle han asistido a varias.

En el ámbito social, quizá la novedad más importante es mi tercer regreso a Madrid (más concretamente a Boadilla del Monte), ¿será la definitiva? lo que me ha permitido disfrutar de la mayoría de las convocatorias. Y la aventura profesional de nuestro presidente, con aparición estelar en el proyecto Santafé (con Carlos Piernas y Xavi Pellicer), desafortunadamente de corta duración.

En lo referente a la Sociedad propiamente dicha hemos tenido importantes novedades con las incorporaciones de Samuel, el web-master, y Pepe como miembros de pleno derecho.

Y como todos los años, revisión a las normas:

  1. El retraso de más de 15 minutos es penalizado con 10 euros para mantenimiento de la web (yo fui el primer “damnificado” por mi retraso en la cena de Domingo Nieva).
  2. La comida de Navidad será a las 14:00 horas en Don Joaquín, que pasa a ser la única convocatoria con nuestro amigo Quinito.

Y en lo estrictamente gastronómico, este año hemos recuperado la nota media de los últimos años y, con un digno 7,63, creo que ha sido un año bastante bueno. Quizá el gran descubrimiento ha sido Conlaya, que incluso suscitó la petición de incluirlo como cita fija todos los años (no prosperó).

Como resumen, paso a comentar brevemente cada una de las cenas:

Enero, La Penela (7,20): Éxito de asistencia y ambiente. Muchas risas y ganas de pasarlo bien, aprovechando el comedor exclusivo (que siempre son sinónimo de triunfo). Comienzo de un gran año de animadas cenas.

Febrero, Mui (7,24): Cena trufada de incidencias: comedor reservado en el que no cabíamos, copas en el piso superior (garito clandestino donde se podía fumar y los no fumadores salían a la calle…) que nos costaron un ojo de la cara y posterior intoxicación de la mayoría de los comensales (con efectos gastrointestinales al día siguiente). No fue uno de los destacados del año y, a pesar de que la nota no es mala, no quedará en el recuerdo preferente de la Sociedad.

Marzo, Conlaya (8,77): ¡Qué gran descubrimiento! Se portaron genial con nosotros, tanto en el trato (atento y personalizado), como en la ubicación (comedor privado), como en la calidad y en la cantidad (excesiva, rayando la gula). Quisieron agradar e impresionar y lo lograron, doy fe. Creo que esta cena tiene el record de asteriscos. No tiene la nota más alta de la historia, pero se ha ganado un lugar en nuestra memoria colectiva.

Abril, ØLSEN (7,62): “Exotismo” noruego, que estuvo bien para cambiar de tipo de comida. Buen reservado y buena comida, incluso guapas camareras. Eso sí, queja generalizada por el precio de la botella de vodka Belvedere (que a pesar del marketing que hicieron en el restaurante gustó menos que “el de la casa”).

Mayo, TreZe (8,01): Paulino se olvidó de venir (y van dos…) y se perdió una excelente cena, en la que tuvimos, de nuevo, un reservado (ha sido la pauta este año). Buena cena y buenas voces las que dimos (es que cuando nos excitamos…). Sorprendió la suavidad y delicadeza de la alcachofa.

Junio, Mythos (6,08): Experimento griego que resultó fallido (el bueno de Samuel no tuvo suerte en su debut). Hubo división de opiniones, desde los que opinaban que ofrecía lo que se buscaba a precio razonable hasta los que se quejaron del local y la ubicación de la mesa (por no hablar de los problemas con el vino).

Julio, Don Joaquín: Menú tradicional de Quinito y excepcional ambiente nosotros solos. El menú se nos quedó un poco corto, menos abundante que de costumbre. Quinito se nos está apagando, ya no tiene la ilusión y, sobre todo, la energía de antes (y es que, ya son unos años).

Septiembre, La Española (7,86): Parece casualidad, pero ya van unos cuantos años que Iker organiza su cena con una climatología excelente, comiendo en el exterior. La cena estuvo bien, aunque encontré la mesa quizás excesivamente grande (casi cuadrada), haciendo que la distancia entre comensales fuera excesiva. Fallaron los pescados, porque la carne estuvo excelente. Y la nota sublime del ron Zacapa Centenario que trajo Iker (cumpliendo su promesa), puso un broche excelente.

Octubre, Mesón del Tío Aquilino (7,94): Aprovechando la semana de “los amigos de la cuchara” nos marcamos una pantagruélica cena que nos dejó plenamente satisfechos (en cantidad y calidad). No contamos con la presencia de Aquilino (una lástima) y tuvimos que abandonar el local de manera “precipitada” (siguiendo la costumbre de cerrar a las 23:30). Y nos quedamos sin tomar ni una copa ni nada, retirándonos al salir (lo cual debe ser un caso único en nuestra larga historia).

Noviembre, Casa Domingo Nieva (7,94): Vuelta a los orígenes, donde, además de disfrutar de una buena mesa, nos relajamos, hablamos, cantamos, reímos y nos olvidamos por un momento del trabajo y de los problemas de cada uno. Y vaya que se consiguió: hacía mucho que no cantábamos y nos repasamos todo el repertorio. Risas, presencia masiva, y resuelto el tema del vino (lo trajo Alberto de casa). Una de las cenas destacadas del año. Comimos bien y mucho y bebimos como en los viejos tiempos (a botella por cabeza). Lo pasamos genial, aprovechando que estábamos solos en el local.

Diciembre, Don Joaquín: Esta vez, para evitar sorpresas, había reservado el comedor desde julio. Nosotros solos y a nuestras anchas en nuestra querida “sede”. Hubo abundante aportación de viandas por parte de los comensales, todas ellas de gran nivel, lo que ayudó a completar un menú excelso de Quinito (aunque quizá un poco escaso). Y, por supuesto, plan habitual de todos los años: cánticos (con coreografía del que suscribe incluida), gorros musicales (que dieron un poco la lata aunque sin punto de comparación con el pollo de goma que trajo Iñigo dos años antes; por cierto, una lástima su ausencia) y posterior peregrinaje por el torneo de mus, el Atómico y los dardos con copas.

“Extraordinaria de Diciembre”, El Atómico: Lejos quedan las pantagruélicas excursiones a El Burgo de Osma, única ocasión donde juntábamos a nuestras parientas, por eso instauramos la especial de Diciembre en El Atómico, un valor seguro donde Pablo nos deleitó como cada año con lo mejor de su cocina. Este año contamos con la visita de Tomás “La Cama” y de aforo completo, las 16 sillas que tiene Pablo en su escueto comedor.