Marzo 2017 – Restaurante Fismuler

  • Lugar: Fismuler, c/Sagasta, 29
  • Fecha: 30/03/2017
  • Hora: 21:30
  • fismulerAsistentes: Turi, Iker, Pepe, Alberto, Joseba, Toni (invitado de Joseba), Abogado, Gumi, Txomin y Orio.
  • Ausentes: Iñigo, Angulo, Juanle, Paulino y Chino
  • Redactor del acta: Orio

Menú: Se trataba de degustar un menú y, por lo poético de la propuesta inicial, que así mantuvimos en nuestras mentes hasta el día del evento, se adjunta debajo, así como el menú, paralelamente y ya en términos inteligibles, que finalmente nos trajinamos.

PRIMEROS (Primeros a Compartir)
Marisco de concha por persona:
   Erizo del cantábrico (unidad)
Huevo, verdura, proteína:
   Tortilla de ortiguillas
Verdura, proteína:
   Paté de campaña, hojas y mousse boletus
Cefalópodo:
   Pulpo en su jugo
Legumbre con mar y montaña:
   Garbanzo salteado, ternera y cigalitas
Verdura con molusco:
   Alcachofas, angula de monte, berberechos parrilla

SEGUNDOS (Segundos a compartir)
Pescado:
   Merluza rebozada, puerros a la brasa
Carne:
   Steak tartare de vaca, especias cajun

POSTRES Y CAFÉ
Postres variados Fismuler, escogidos aquí mismo 
con Fernando, nuestro repostero
Gianduja de chocolate
Frambuesas y crema
Tarta de queso (invitación)
Café como ponemos en Fismuler:
    Café de puchero, dos descafeinados
  
Pan Aperitivo y bebida: refrescos, agua
Pan de hogaza, pan moreno en algunos platos
Ternera macerada
 
Cervezas de grifo y agua de otro grifo:
Blanco, Cucú, Barco del Corneta
Verdejo, al 50% 8 meses de roble francés
Tinto, Quinta Milú, micro winery
Tempranillo, 6 meses de roble usado

Fotos del Restaurante  Fismuler

Precio: como se esperaba, fue de 60 euros por cabeza, que incluyó siete cañas iniciales, tres botellas de blanco y tres de tinto. Nótese que el paralelismo entre lo genérico en la izquierda y lo concreto en la derecha es, en algunos casos, sólo aproximado. En los postres, a la solicitud de tarta de queso respondieron trayéndonos dos raciones una vez que habíamos dado cuenta de todo.

La cita, como siempre, era a las 21.30, aunque después de momentos de nerviosismo al haber recibido una equívoca y muy poco respetuosa nota de cita inicial a las 21.00. Antes, hubo un foco de previos en su mínima expresión, una escasa pareja, Abogado y Orio, dos cañas en la cafetería Santander, de regusto rancio y enternecedor.

A la hora acordada nos fuimos encontrando en la mesa, la redonda finalmente de la esquina, probablemente la mejor del restaurante. Antes, fiel a su costumbre de generar cierta expectación, Joseba había avisado de que justo al llegar a la puerta del estacionamiento se habían dado cuenta los vigilantes de que estaba lleno y le prohibían el paso. Tras esperar entre la valla al frente y la cola de coches detrás, y acompañado por Toni, su invitado, llegaron, los penultimos, justo delante de Turi  (Que aun asi, llegó en «plazo»)

Destaca nada más entrar el local en sí mismo. Fue objeto de bastantes comentarios en la mesa, situado en una especie de semisótano, decorado de forma muy actual, paredes con ladrillo descarnado, suelos áridos, mesas grandes, largas, de maderas crudas, metal oxidado, estantes industriales, lámparas con bombillas de resistencias, manchas en las mesas… en fin, todos los componentes que, de no ser porque así es la especie humana, porque está de moda y lleno, abarrotado por cierto, de gente guapa of course, sería un local en obras.

Y fueron cayendo los platos. Comenzaron poniéndonos como aperitivo, con las cañas, un platillo minúsculo con unas pequeñas tajadas de ternera macerada; pedimos un poco más y atendieron el requerimiento al pie de la letra: un poco más, otro patillo aún más pequeño.

El erizo que abría el menú, servido sobre platos con piedras y cubierto de una espuma de color coralino, supuso la primera petición de asterisco, por parte de Iker, que no prosperó. Ocurrió lo mismo con el paté, con algo más de apoyo, pero quedó a medio camino igualmente. De entre los primeros fueron dos los asteriscos. La tortilla de ortiguillas, hecha con huevo que era una espuma más que un batido y con una nevada de espirulina ―fino polvo de algas― que le daba un aspecto distinto, consiguió unánime apoyo. Los garbanzos también lo consiguieron pero con entusiasmo repartido: seis síes. De entre los segundos fue la merluza quien se llevó el asterisco, eran trozos uniformes rebozados de forma ligera, que consiguieron alzar siete manos y que, esto es relevante, recibieron el comentario siguiente: «Me recuerda a la merluza de Quinito». Sobre el filete tártaro no hubo mucho que decir, ni se notaban especialmente las especias cajún prometidas.

A la hora de los postres, sencillos, sabrosos, ligeros, adecuados, echamos de menos la tarta de queso, que ha ganado cierta fama. Nos dijeron que se había acabado, pero rebuscando en las neveras encontraron dos trozos. Muy buena, pero no consiguió superar el recuerdo de la de Cañadío.

El café era filtrado en la mesa sobre tarros de conservas de verduras navarras. Quizás contuvieron puerros y alcachofas en su día. El camarero nos explicó que prefieren una mezcla al cincuenta por ciento de café de Etiopía y de Perú, de alturas elegidas, que queda buenísimo y con un aroma perfecto. Alberto contestó, certero: «¿Tienes descafeinado?». Risas, y entonces aclaró: «Así lo hacía mi abuela». Lo cierto es que hubo finalmente algún comentario de que el café había sido una sorpresa positiva.

Y los vinos. Resultaron ambos muy correctos. En el restaurante tratan de tener cosas distintas, poco frecuentes, de bodegas pequeñas y precios contenidos. El blanco fue más celebrado, muy buena la unión de una mitad con barrica, lo que aporta cuerpo, pero dejando delante la frescura y aroma de la uva verdejo. El tinto asustó un poco inicialmente, se habló de «mucho trapío». Realmente el primer sorbo golpeaba con fuerza, pero en el segundo esa sensación ya se había olvidado y ahí había vino del bueno. Probablemente una espera de unos meses más en la bodega lo habría pulido.  

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2 respuesta a “Marzo 2017 – Restaurante Fismuler”

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