Octubre 2019 – La Raquetista

  • Lugar: La Raquetista, c/Dr. Castelo, 19
  • Fecha: 17/10/2019
  • Hora: 21:30raquetista
  • Asistentes: Alberto, Angulo, Gumi, Joseba, Orio, y Turi.
  • Ausentes: Chino, Iker, Iñigo, José, Juan, Juanle, Pepe, Paulino y Txomin.
  • Redactor del acta: Gumi
Aperitivo
  • Cervezas
  • Gazpacho con remolacha y requesón
Menú

Para compartir:

  • Nuestros torreznos (*)
  • Ensalada de tomate y ramallo de mar
  • Pastrami de parpatana de atún rojo
  • Buñuelos de bacalao con salsa vizcaína (*) mención
  • Dim sum de txangurro de centolla gallega (*) mención

Segundos a elegir:

  • Corvina asada con mojo verde
  • Canelón de pularda con salsa de Pedro Ximénez
  • Rabo de vaca al curry Massaman
  • Picanha de rubia gallega madurada

Postres (surtido)

  • Tarta de queso con mermelada de madroño.
  • Pastel de chocolate con helado de avellana.

Vino

  • Señorío de Garci Grande. 2018. Verdejo. D.O. Rueda. (2 botellas)
  • Flores de Callejo. Tinto. 2018. Sotillo de la ribera. D.O. Ribera del Duero. (2 botellas)

 Cafés

Precio:

  • TOTAL: 360 € (60€ por cabeza).
  • Propina: unas míseras chapas

Muy previo: A las 9:30 de la mañana me llamó Juanle para decirme que no podía asistir. Tenía reunión en Barna y no había trenes para llegar a tiempo para cenar. Si no se puede, pues no se puede… Media hora después me volvió a llamar para decirme que había visto un tren que no había visto antes, y que contara con él. Como no había llamado para anular esa plaza, no había problema. Una hora más tarde me volvió a llamar para decirme que el tren figuraba en la página, pero no había forma de comprar un billete. Un clásico en las páginas de Renfe. Ahora sí, se confirmaba la baja de última hora.

 Previo: Aparecí por allí a las 21:00. Tras buscar por los aledaños del restaurante y ver que nadie contestaba para los previos, me metí en uno cercano a tomar unas cañas. A las 21:15 salí hacia el restaurante para terminar allí la espera y aparecieron Alberto y Orio. Fuimos a otro de al lado (esa zona está llena de bares sin falta de clientes) y nos tomamos otra caña. Cinco minutos antes de las 21:30 entramos en el restaurante. Allí estaban Angulo y Turi. Al tener una barra muy pequeña y estar lleno de gente, nos decidimos a pasar y esperar sentados a Joseba.

Comida:

La elección del restaurante se debió a una reseña que apunté hace tiempo sobre dónde tomar los mejores torreznos. Y es que cuando “el abrigo” del cerdo está bien hecho, es un manjar que deja a las barritas energéticas como lo que son: alpiste para canarios.

Busqué qué tal estaba de críticas y me parecieron muy buenas. A priori no entraba dentro de mis cánones, pero tras ver que los dueños (los hermanos Aparicio) cosechan muy buenas críticas en los tres locales que tienen abiertos, me decidí por él. Empezaron con Cachivache en 2013, luego en el que nos ocupa es de 2015, y en 2018 han abierto Salino, que también lo tuve en el punto de mira… Les pregunté si nos podían cerrar un menú, y ofrecieron una única opción de menú degustación, que fue la elegida.

Comenzamos con unas cervezas (invitación) esperando a Joseba, que llegó justo pero dentro de tiempo.

El comedor, algo oscuro y no muy boyante de espacio, está decorado en blancos y grises, con algún detalle vegetal y el suelo de tarima. Se accede dejando la barra del bar unos escalones más abajo. Diría que, como máximo, puede dar cabida a unos 20 comensales, si no a alguno menos. La barra tampoco cuenta con demasiado sitio. Con lo que es una apuesta a tener siempre el local lleno, si hay que sacarle rendimiento.

El aperitivo, un gazpacho de remolacha con requesón, no despertó gran interés.

Empezamos con el blanco; un verdejo fresco y suave que acompañaba bien a los primeros platos.

Comenzaron trayendo los platos, que estaban divididos en porciones o unidades, salvo la ensalada de tomate y ramallo, con lo que eran muy apropiados para compartir.

Los esperados torreznos no defraudaron, siendo el primer y bien merecido asterisco unánime de la noche. Estaban tiernísimos y servidos con la piel aparte (de hecho la cocinan aparte) que le aportaba el crujiente inseparable a esta delicia. Comentamos que nos trajeran otros, pero debieron de pensar que no hablábamos muy en serio, ya que la petición cayó en saco roto.

De la ensalada destacó el sabor del tomate y el toque salino y marino del ramallo de mar, que ya empieza a ser habitual por los restaurantes.

Del pastrami de atún se destacó el intenso sabor a atún, y la melosidad del conjunto. Como nota informativa, la parpatana es la parte del atún que va desde la parte baja de la mandíbula hasta el comienzo de la aleta, que a su vez es donde comienza la ventresca. Se la podría llamar la papada del atún, para ser más gráfico en la descripción.

Otro de los temas de la noche fue la comida de navidad, la elección del sitio y de la fecha. Se habló que Membibre se ha vuelto muy antipático en el tema del precio, y que ya no salimos tan satisfechos como cuando nos atendía Manolo. El hijo parece que ha ido a buscar la estrella Michelín a cualquier precio, nunca mejor dicho, y ya no nos convence. Se habló también del restaurante Diverxo, que algunos consideraban muy caro para lo que daba y otros no tanto, teniendo en cuenta el nivel y  número de platos, y la cantidad de empleados que hacen falta.

Del sábado 28 de diciembre se dijo que había posibilidad de Ór-Dago. Se habló también de escoger la fecha donde hubiese más gente. Unos opinaban que cuanta más gente de “los de fuera” mejor. Aquí Turi soltó otra frase a apuntar: “Si están los tres de fuera, mejor.” Todavía no sabemos cómo hace las cuentas…

En esto trajeron los Buñuelos de bacalao que junto con un plato clásico del local, los Dim sum de txangurro, convencieron pero de manera dividida. Así, se marcaron ambos con mención a asterisco. Ambos platos muy buenos, y de los que no se consiguió decidir cuál estaba más bueno.

Ya casi habíamos acabado la segunda botella de blanco, y pasamos a pedir el tinto ante la expectativa de los segundos. Un tinto con toques afrutados y bastante intensidad, que gustó.

De los segundos, cada comensal debía de escoger un plato. Como éramos seis comensales para probar los cuatro disponibles, se repitieran el rabo y la picaña.

De los segundos el que menos destacó fue la corvina asada con mojo verde y vainas. Quizá el sabor suave, sin ninguna característica muy destacable, hizo quedar al resto de platos por encima de este.

La picaña estaba buenísima. Tiernísima la carne y bien acompañada de una salsa con toques de cereza, que le daba el contrapunto de acidez.

Del rabo de vaca los que más sorprendió fue su toque de curry. Le daba bastante originalidad a un plato típico andaluz, y que nunca habíamos probado con ese toque tan exótico.

 

A estas alturas de la cena surgió otro tema ya hablado en alguna ocasión, que es la proposición de hacer una comida en algún local con cocina, que se pueda alquilar para tal efecto. Si bien, habría que hacerlo en fin de semana, pues entre semana el tiempo estaría muy justo. Y de ahí quizá su complicación, ya que los fines de semana no suele haber mucha gente disponible para ello. Además el hecho de hacer un evento así, sería para estar todos juntos más rato del habitual en una cena, y compartiendo la elaboración de la misma. Volvió a surgir la idea de alquilar un txoko, pero que en Madrid es bastante complicada, y sobre todo cara, para el poco uso que se le daría. De ahí la propuesta de alquilar un sitio, exclusivamente para alguna ocasión señalada. Además de poder  probar el resultado de un evento de este tipo, que nunca hemos realizado.

En los segundos no se propusieron asteriscos, pero el nivel estuvo muy alto en cada uno de los platos. Todos coincidimos en que el mejor de los cuatro segundos fue el canelón de pularda. Acompañado de una salsa de Pedro Ximénez y trufa fresca, resultó espectacular.

Gratamente entretenidos, trajeron el surtido de postres. No sé si con un grupo más numeroso habría más postres, pero en nuestro caso solo trajeron dos. Con lo que el uso de la palabra “surtido” queda algo pretencioso.

De los dos postres el más normal fue la tarta de queso con mermelada de madroño. Este fruto le daba un fondo granuloso a la mermelada, parecido al de la carne de membrillo o la pera conferencia.

El pastel de chocolate gustó más. El helado de avellana estaba buenísimo, y el pastel en sí, estaba hecho con galletas María y que le daba un toque muy casero. Al hilo de esto Angulo soltó: “yo esta tarta con María”, en clara alusión a alguna sustancia no del todo lícita en ciertos países…

Durante los postres se volvió a barajar la posibilidad de pedir unos torreznos, pero no llegó a cuajar.

Tras los cafés, nos marchamos cada uno para casa con buen sabor de boca y una cena de lo más entretenida.

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