Julio 2018 – Angelita

  • Lugar: Angelita Madrid, Calle Reina 4
  • Fecha: 18/07/2018
  • Hora: 21:30
  • Asistentes: Alberto, Angulo, Gumi, Iker, Pepe, Joseba, Orio, Turi, Txomin, angelita_madridJuanle.
  • Ausentes: Iñigo, Juan, Paulino, Chino, José, Franc.
  • Redactor del acta: Juale

 

  • Menú:
    • Aceite de oliva Virgen Extra en Rama. Belasco 0.1.
    • Tomate “Corazón de buey” de huerto propio
    • Cebolletas a la llama, romescu de remolacha y migas al tomillo.
    • Boletus al wok, topinambur y foie.
    • Ventresca asada de bonito de Hondarribia.
    • Canelones de rabo de toro y holandesa al Palo Cortado.
    • Pluma ibérica a la brasa, boniato y berenjena.

Postres:

  • Tarta “Selva Negra” y sorbete de guinda.
  • Selección de quesos artesanos.

Vinos:

  • L’Equilibrista 2014 Magnum.
  • Las Moradas de San Martín. Finca La Sabina 2011.
  • Bristol Cream.

Precio: 520,00€. (52,00€ por cabeza).

Previo:

Habíamos cerrado menú con el restaurante. Ofrecían dos opciones, que se diferenciaban principalmente en los vinos. Confirmada la opción “estándar”, y con un pequeño ajuste en los platos y algún que otro detalle reservamos una cena de once. José causaba baja finalmente, aunque estuvo en duda hasta el último momento. 

Cena:

Las referencias no eran malas. Los hermanos David y Mario Villalón son unos enamorados del vino. Una cuidada carta de productores pequeños, difíciles de encontrar en otras cartas, que acompañan con muy buen producto, donde destacan las verduras del huerto ecológico familiar. Con un pasado entre fogones, con orígenes en Carabanchel -Restaurante Castilla- y 8 años en “El Padre”, definen Angelita Madrid (homenaje a María Ángeles, su madre) como un bar de vinos con un pequeño bistró.

Una vez todos sentados a la mesa -casi todos, Iker llegó tarde-, comenzamos a degustar el aceite con el pan de masa de madre. Interesante la variedad, Arróniz, autóctona de Navarra que prensan en frío el mismo día de recogida, durante la primera quincena de noviembre.

Llegó el tomate, recogido el 16 de julio del huerto ecológico familiar en Litos, cerca de Puebla de Sanabria. Tomate pelado, acompañado de florecillas de chalota (o escalonia en castellano, como remarcó Orio). Muy sabroso, muy jugoso y muy bien combinado con el sabor entre cebolla y ajo de las flores de escalonia.

Siguieron las cebolletas a la llama, romescu de remolacha y migas al tomillo. Un plato correcto, que dio paso al boletus al wok con tupinambor (con un sabor similar a alcachofa y de aspecto parecido al jengibre). Un plato que se remató en la mesa rallando foie congelado.

Llegó el primer asterisco de la noche de la mano de la ventresca. Pescado en Hondarribia la madrugada del lunes, y convertido en un auténtico manjar la noche del miércoles. Extraordinario el sabor, -el camarero dijo que era de lo mejor que les había llegado-, se deshacía en boca como mantequilla.

Los canelones no gustaron en general. O no se entendió el plato, o algo fallo en la elaboración. Un punto amargo que no terminaba de convencer.

Recuperaron el nivel con la pluma. Muy buen producto, con una muy buena elaboración, acompañado del boniato en dos texturas (puré y crujiente) que se llevó otro asterisco. Un asterisco no unánime. Orio explicó que por su parte ha decidido no poner tantos asteriscos, y ponerlo no sólo a lo que sea extraordinario, sino que además no sea fácil de encontrar en otro sitio.

Llegamos a los postres, con una selección de quesos: pasiego, manchego y stilton acompañados de pasas, membrillo, nueces y una salsa de pimiento rojo casera muy conseguida. Muy buen detalle el del vino dulce, que no estaba inicialmente en el menú estándar (sino en el premium) y añadieron.

El punto dulce lo aportó la interpretación de selva negra con Chantilly de vainilla, helado de guinda casero y un toque final con chocolate fundido.

Acababa así la cena, pero quedaba una agradable sorpresa. Aunque prácticamente todos (salvo Txomin y servidor) abandonaron el restaurante, nosotros decidimos seguir la invitación a pasar a la cocktelería, en el piso inferior. Una extensión del buen hacer en el restaurante, con creaciones a precios ajustados, muy bien explicadas por una camarera que te guía y recomienda cocktails tan sugerentes como el “Follow the White Rabbit”: una mezcla de rones, con un punto de cilantro y zumo zanahoria, lima y un sirope de especias indias.

Finalizamos la bebida y nos despedimos hasta la próxima, con la clara sensación de que habría que repetir.

Debes acceder para ver el resto del contenido. Por favor . ¿Aún no eres miembro? Únete a nosotros

Deja un comentario