Abril 2018 – Restaurante Koldovinia

  • Lugar: Koldovinia, c/ Apolo, 2koldovinia_taberna_madrid_logo
  • Fecha: 18/04/2018
  • Hora: 21:30 (as usual)
  • Asistentes: Alberto, Angulo, Fran, Joseba, Orio, Turi y Txomin (organizador).
  • Ausentes: Iñigo, Gumi, Iker, Pepe, Juanle, Juan, Paulino y Chino.
  • Redactor del acta: Txomin.

 

  • Menú: Elegimos unos de los menús degustación que tenía el restaurante, al que agregamos 2 añadidos. El menú estaba compuesto por:
    • Burrata, bresaola, tomates secos, rúcula y piñones.
    • Tartar de atún gorria con wasabi y jengibre.
    • Falso arroz de pato al Vermut con foie.
    • Lasaña de txangurro, hortalizas y crema de cigalitas.
    • Solomillo katxopón ibérico al cabrales.

Además, fuera de carta, añadimos:

  • Zamburiñas al gratén de ajos negros y tintas (*).
  • Arroz con leche “requemao”.

Y para beber:

  • Allende 2012 (Rioja) 2 botellas.
  • Monastrell 2015 (Alicante) 2 botellas.

 

  • Precio: 362,90€. (51,84€ por cabeza). Pusimos 53€ por cabeza, quedando algo más de 8€ de propina.

 Previo:

Koldovinia es un restaurante que nació más orientado al tapeo en sí que a las cenas, por lo que en un inicio, las mesas altas y las barras predominaban sobre las mesas clásicas. Una vez comprobado el éxito de dichas tapas, que mezclan calidad e innovación, el local se fue ampliando paulatinamente para que la parte de restaurante fuese tomando más peso.

El previo tuvo lugar en el mismo local, en la zona originalmente ideada para el tapeo, donde nos tomamos un tercio muy bien acompañado por su tapa. Allí estábamos ya todos menos Joseba y Fran, que no se demoraron en exceso.

Cena:

Ubicados ya en la otra parte del restaurante, el comedor propiamente dicho, que a su vez se divide en 2 zonas, una de ellas una terraza muy recomendable en periodos estivales, arrancamos con una riquísima mantequilla de aguacate que degustamos mientras Koldo, propietario del local, nos atendía. Y rebañamos hasta rascar casi los recipientes, oiga, mala no tenía que estar.

Koldovinia tiene 2 menús degustación, uno más estándar, con los platos “estrella” del restaurante, que está en 29,50€, y otro más orientado a la gente que ha visitado el local en otras ocasiones, con otro tipo de platos, que ascendía a los 34,50€. Dado que excepto Joseba y el que suscribe, nadie había estado anteriormente en el local, nos decidimos por la primera opción, a la que añadimos por recomendación de Koldo (y que tampoco tuvo que esforzarse para convencernos) las Zamburiñas al gratén de ajos negros y tintas, que a la postre, fue uno de los platos estrella de la noche.

De hecho, fue el plato con el que arrancó la noche y el que se llevó el único y merecidísimo asterisco. El toque de la tinta negra y el ajito, haciendo una suerte de alioli negro, daba un sabor especial y realzaba el de la zamburiña.

Para humedecer los gaznates y con la idea de arrancar con un blanco, intentamos pedir un Finca Nueva pero lamentablemente no disponían de stock, por lo que nos pasamos a un Allende, de la misma bodega.

El segundo plato en llegar a la mesa fue una ensalada de burrata, bresaola (para quien no lo sepa, yo entre ellos, son finas lonchas de carne de ternera curada durante dos o tres meses), tomates secos, rúcula y piñones. Un plato que sin estar mal, tampoco nos despeinó demasiado. Correcta sin más.

El tartar de atún gorria (rojo) con wasabi y jengibre fue uno de los platos que encontró opiniones más enfrentadas. Tal y como podéis ver en las fotos, de tartar de atún en sí tenía lo justo, ya que estaba “aliñado” generosamente con una salsa, que si bien, mermaba el sabor contundente del atún, le daba un toque de originalidad, tanto visual como gustativa, al plato.

Le sucedió uno de los platos estrella del restaurante, el falso arroz de pato al Vermut, con foie y “aroma” a trufa. Con lo de la trufa puede haber un debate enorme y repetitivo, así que lo dejamos en aroma… Este falso arroz consiste en una pasta con forma de grano de arroz, protagonizando el “trampantojo” de la cena. El plato en sí estaba bastante correcto, aunque lo recordaba mejor en otras ocasiones que había visitado el local.

De aquí al final de la cena fuimos en línea ascendente, primero con la lasaña de txangurro, hortalizas y crema de cigalitas, para mí otro de los platos de la noche. Combinaba acertadamente una lasaña exquisita con una crema que no le iba a la zaga. El único punto que no me gustó del plato era los camarones que coronaban el plato, que alguno tenía tamaño casi para pelarse y comerse aparte. Aun así, un plato muy notable.

El plato que precedió a los postres fue el solomillo katxopón ibérico al cabrales, un katxopo que tenía forma de “albóndiga gorda”, con un rebozado fino y crujiente y bañado en una salsa de cabrales, que sin ser ligera, tampoco se comía el sabor del resto del plato.

Los postres, tanto el goxua, ligero y rico, que me encantó (tendrán que opinar los paisanos de este plato si está a la altura de los que ha catado en su tierra), como el arroz con leche “requemao”, un arroz con leche avainillado coronado por un crujiente de azúcar braseado, como si de una crema catalana se tratase. Yo, que no soy amigo del arroz con leche, gocé mucho de este plato. Además, este plato corrió por cuenta de la casa.

Por cuenta de la casa también cayeron licores varios, que cerraron la cena junto al café, la planificación del viaje por España en moto de Alberto, y las siempre recurrentes (aunque no por ello, menos divertidas) anécdotas de las correrías generales de la Sociedad en Can Piernas.

Y así acabó la cena, cada mochuelo a su olivo y con ganas de volvernos a ver en la siguiente del mes de Mayo.

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