Enero 2018 – Restaurante La Gastro

  • Lugar: La GASTRO, c/ del Barco, 7
  • Fecha: 18/01/2018LaGastro
  • Hora: 21:30
  • Asistentes: Alberto, Turi, Orio, Joseba, Iñigo, Fran, Juanle, Iker, Pepe, Jose, Angulo y Gumi.
  • Ausentes: Txomin, Chino, Juan, Paulino.
  • Redactor del acta: Gumi 
Menú
  • Aperitivo: huevos rellenos con espuma de ensaladilla y sardina ahumada.
  • Okonomiyaki gratinado con salsa de kimchi y salmón ahumado. (*)
  • Turrón de foie.
  • Croqueta de foie con rabo de toro sobre cebolla caramelizada.
  • Croqueta de carabineros en pan de gambas con hilos de chile y kimchi.
  • Tartar de mejillón y gambas con huevos de carabineros y mahonesa de kimuchi.
  • Fideuá en costra.
  • Gyoza de gambas con guisito de carabinero, jengibre y chili chiplote.
  • Guiso de curry rojo con careta y manita de cerdo.

Postres

  • Arroz con leche de coco estilo tailandés, tamarindo, lemon curd y helado de mango.
  • Croqueta de Oreo con nata.
  • Sorbete de mojito

 Vinos

  • Marqués de Toledo, vino blanco Verdejo D.O. La Mancha (3 botellas)
  • Lagar de Eizaga, vino tinto Crianza, 2015, D.O. Rioja 100% Tempranillo (2 botellas)

Cerveza

  • Una para Angulo nada más llegar.

Precio:

TOTAL: 540,00€, ponemos 45€ por cabeza y dejamos 5€ de propina (provenientes de alguno que se equivocó al pagar) y monedas sueltas sin llegar a contar la cuantía final.

Preámbulo:

Aunque este mes le tocaba organizar la cena a Txomin, debido a que estaba hasta arriba de curro, me escribió para pedirme que le cambiara el turno, y así lo hice.

Mi primera y única opción era El brote (C/ de la Ruda, 14). Este restaurante lo conocí anteriormente en otro local. En esta nueva dirección, que todavía no conozco, han cambiado de formato y no reservan para cenar. Se trata de llegar, esperar que haya mesa libre o esperar a que alguna se levante. Así, dicen, será más dinámico. Además la mesa más grande que tienen es para ocho comensales, con lo que lo descarté inmediatamente ya que hubiésemos tenido que cenar repartidos en dos mesas. Aun así, lo recomiendo encarecidamente. Es un sitio de setas, conducido por unos auténticos frikis de las setas, que lo viven con verdadera pasión. Es para ir y repetir.

Otra opción que he barajado alguna vez es Nakeima (C/ Meléndez Valdés, 54) pero tiene un formato tan extraño que casi la excluye para organizar una gastro. En este sitio solo sirven a cuarenta personas al día; veinte por cada servicio de comida y cena. Ni una más. No tienen carta. No admiten reservas, ni niños (y no es coña). Para asegurarte una plaza hay que ir a esperar a la puerta. Pudiendo cada persona representar a otras tres como máximo. En el turno de cena, a las 20:30 salen a tomar nota a las primeras personas, hasta completar el aforo de veinte. Después puedes irte a tomar algo hasta las 21:00 que comienza la cena. Con lo que para organizar una gastro y asegurar que vamos a cenar, dependiendo de los comensales, tendría que estar el organizador con alguno más esperando desde las 19:00 o 19:30…

Tras descartar alguna opción más (algún asturiano y uno tradicional polaco) que no terminaban de convencerme plenamente, me decidí definitivamente por este, que conocí hace unos años en otro local, pequeñito, al lado de mi casa.

La negociación del menú no fue tan fácil como hubiese deseado. Para más de ocho comensales no permiten que se pida a la carta. Para esos grupos tienen un menú de tapas y otro gourmet, más largo. En la página todavía tenían colgados los menús de Navidad y la chica que me atendió (la que nos sirvió algunos platos y tenía gafas), cuando llamé el viernes para reservar, me dijo que esos estaban obsoletos y que en breve colgarían los nuevos. El martes todavía estaban en la página los menús de Navidad y, al llamar para confirmar asistentes, me dijo que no les había dado tiempo a colgar los nuevos, que me llamaba esa misma tarde tras hablar con el chef, y cerrábamos el menú. No me llamó por la tarde, ni al día siguiente por la mañana. Con lo que llamé el miércoles a la hora de comer, con los menús de Navidad todavía colgados en la página. Me empezó a pedir disculpas y a decir que el martes (que había sido el día internacional de la croqueta) habían tenido muchas entrevistas de los medios de comunicación, y que además habían tenido mucho lío con la visita de la reina al restaurante. Sí, la reina. Le dije que no tenía mucha importancia, pero que había que cerrar el menú y en la página seguían colgados los de Navidad.

Entonces me ofreció “como solución” darme el mismo menú de Navidad que estaba en la página. Ahí ya me mosqueé un poco, porque le dije que no sé qué coño de solución era que no hubiesen hecho nada y, además, darme un menú que estaba enfocado para Navidad. Que no me parecía ni medio oportuno (estando a mediados de enero) cenar un Turrón de foie, tener que brindar con cava, y comernos con los postres un surtido de turrones (tal como aparecía en el menú). Entonces volvió a ponerme de excusa que habían estado muy liados con las entrevistas, la reina, etc. Le dije que ese no era mi problema, que me había dicho que iban a cambiar el menú, cosa que no hizo. Que me iba a llamar el martes por la tarde, cosa que tampoco hizo. Que tampoco me llamó el miércoles por la mañana. Y que ahora, que era yo el que llamaba, me ofrecía como “solución” darme el menú que me dijo que no me iba a dar. Vamos, que no había movido un puto dedo y encima esa era “la solución” que me ofrecía.

Y es que cuando se lo estaba echando un poco en cara, casi parecía que se indignaba porque decía que me estaba dando una solución, y le volví a decir que esa solución era la consecuencia de no haber hecho nada… Intenté reconducir el tema pidiendo que me pusiera platos de la carta en un menú cerrado, pero decía que como no podía consultarlo con el chef, que no me lo podía asegurar. Así que, quedé en llamar por la tarde para hablar con el ayudante del chef (ella no iba a estar), al que pondría previamente sobre aviso de todo.

Esta vez me llamó directamente el ayudante del chef, y hablando con él todo fue rodado. Directamente me decía que si no podían hacer un plato, nos pondrían otro de características parecidas. Me dio la seguridad de que había entendido en qué plan íbamos, y su palabra de que no me preocupara por nada, que se hacía cargo de la situación. También me dijo que el Turrón de foie estaba siempre en la carta…

 Previos:

Llegué sobre las 21:10 y, al no ver a nadie por las inmediaciones, ni haber recibido ningún FAX respecto a los previos, opté por quedarme en el bar de enfrente (La tremebunda). A los pocos minutos llegó Alberto y me dijo que había un grupo por la zona (Bar Orio). Al estar a unos cinco minutos andando, alejándose del sitio de la cena, optamos por quedarnos.

 Comida:

A las 21:30 estábamos todos los asistentes en la puerta del restaurante, menos Iker, que llegó justo en el tiempo límite, a las 21:40.

Nos pusieron en una mesa larga. El tablero de la mesa estaba decorado artificialmente imitando dibujos de antiguas baldosas hidráulicas.

Comenzamos con un aperitivo consistente en Huevos rellenos con espuma de ensaladilla con sardina ahumada. Servido en un recipiente que imitaba la cáscara de un huevo en vertical, abierto como si fuera pasado por agua. En este aperitivo frío destacaría el contraste entre la suavidad del sabor de la espuma de ensaladilla con el sabor de la sardina ahumada.

Para acompañar comenzamos con Marqués de Toledo, un blanco de La Mancha, suave y afrutado.

Continuamos con el Okonomiyaki gratinado con salsa de kimchi y salmón ahumado. Este plato se llevó el primer y único asterisco de la noche. Estando, durante toda la noche, las votaciones de asteriscos muy divididas. Destacaba también el contraste del sabor de esta masa cocinada a la plancha con el picante del kimchi y el salmón ahumado. Si bien hay que comentar que, al igual que la ventresca de Quinito, cada vez que hay salmón ahumado en una mesa, no suele poder comparársele con el de “El piernas”.

El tercero de la noche fue el Turrón de Foie. El foie lo habían batido con pan de brioche y cocinado en molde para que amalgame. Se servía frío con lascas de almendra por encima y espolvoreado con cacao puro, que le daba un toque dulce que hacía recordar más al turrón.

Después vinieron las croquetas, que son la especialidad de este local, también conocido por “La gastrocroquetería de Chema”. La primera fue una croqueta de foie y rabo de toro sobre cebolla caramelizada, donde predominaba el rabo de toro. Las croquetas son muy cremosas con un rebozado ligero, que le aporta más delicadeza. Desde mi punto de vista la cebolla caramelizada y el foie restaban potencia al sabor del rabo de toro, pero puede que esa fuera la intención del chef. Se intentó la votación de asterisco, pero quedó solo en mención.

Aquí trajeron el otro vino de la noche, Lagar de Eizaga, tinto crianza de 2015, para los que no querían seguir con el blanco. Yo seguí un rato más con el blanco, y me arrepentí al pasarme al tinto, que me gustó mucho.

La segunda croqueta fue de carabineros en pan de gambas con hilos de chile y kimchi. Esta también tuvo propuesta de asterisco, pero quedó en empate.

Posteriormente trajeron el tartar de mejillón y gambas gratinado, con huevos de carabineros y mahonesa de kimuchi.  Este plato también provocó la votación para asterisco. En este caso quedando con cuatro a favor y el resto en contra. Comentaré que el kimuchi es la base para la elaboración del kimchi, pero se puede usar para mezclar, con mahonesa como en este caso, o como simple aderezo. Es muy salada, con sabor concentrado y algo picante, a base de pescado en salazón y chili rojo.

El siguiente fue un plato que, según el restaurante, no podía faltar en el menú ya que era uno de sus clásicos y me comentaron que había gente que venía solo por volver a probarlo. Se trataba de la Fideuá en costra. Una fideuá de sepia y gambas, con una salsa de alioli gratinada. Aunque gustó, la opinión del grupo en general fue que no era un plato tan llamativo como para no faltar en el menú. El comentario sobre este plato también estuvo muy dividido.

Seguidamente trajeron una gyoza de gambas con guisito de carabinero, jengibre y chile chiplote. Una buena combinación pero quizá, al llevar también cilantro, con exceso de contrastes.

Como último plato vino un guiso de curry rojo con careta y manita de cerdo. Como suele ser habitual este plato gustó más a los amantes de la casquería. El crujiente del rebozado contrastaba con la textura de la carne deshuesada y el curry acompañaba al conjunto. Este plato estaba en el menú de Navidad cambiando el cerdo por bogavante.

Aunque apunté solo tres botellas de blanco, surgieron dudas de que no hubiesen sido más. Orio estaba convencido de ello, pero no supo concretar. Ya que el total de cinco botellas, entre tinto y blanco, para doce comensales puede ser un número por debajo de la media. Pero sin estar seguro, no iba a apuntar más a ojo.

Como postres trajeron tres platos que gustaron de manera muy diversa. El primer postre de arroz con leche de coco estilo tailandés, tamarindo, lemon curd y helado de mango me pareció que tenía el arroz demasiado glutinoso. Aunque el potente sabor del helado de mango creo que le venía muy bien a la suavidad del sabor del arroz. Sin embargo, esta peculiar textura del arroz hubo a quien le pareció, precisamente, el acierto del plato.

La croqueta de Oreo con nata fue el segundo de los postres. Servida en un plato, tipo bivalvo, para compartir con otro, con cada ración individual es su correspondiente valva. A mí no me aportó demasiado porque esta famosa galleta no me dice nada. De hecho, no sé qué cojones le ve la gente para haberse hecho tan famosa pero, como se suele decir ‘algo tendrá el agua cuando la bendicen’.

Por último trajeron el sorbete de mojito al que personalmente no le veo la más mínima dificultad de realización.

En general creo que fue una cena muy correcta, con algún plato que estuvo brillante y con un precio ajustado. Como suele pasar la mayoría de las veces, una mesa larga no facilita las conversaciones en grupo y se suelen formar dos o tres tertulias a la vez, con lo que es complicado seguir todos los temas tratados. Además el local era un poco ruidoso, y en ocasiones se hacía completamente imposible oír a algunos comensales.

Epílogo:

Estuve el sábado pasado en Nakeima y os aseguro que, a pesar de este sistema tan incómodo, la experiencia merece totalmente la pena. La fachada no da en absoluto la sensación de lo que más tarde se va a encontrar dentro. De hecho, sin conocerlo, se podría pensar que es un local abandonado. Al ser sábado (los fines de semana es cuando más gente hay) quedé a las 19:00 para asegurarnos sitio. Había ya una persona, y poco a poco la cola se fue estirando. Sobre las 19:40 ya se había completado el aforo. No estábamos las veinte personas en la cola, ya que cada uno puede representar a sí mismo y a otros tres más. A la vuelta de la esquina hay un chino, con lo que la espera se hace algo más cómoda con unas latas de cerveza. A las 20:10 salieron y, aunque no hacía mucho frío, nos ofrecieron un vasito de caldo oscuro con verduras bastante potente de sabor. A las 20:25 salieron para apuntar a todos los grupos y un nombre de contacto de cada uno de ellos, y nos citaron a las 21:00. Esa media hora fuimos a El atómico, que está al lado. A las 21:00, de nuevo en la puerta, salen a preguntar por cada uno de los grupos y los sientan a su conveniencia. El local es pequeño y oscuro, con mesas altas y taburetes. Nos pusieron en la mesa más grande, éramos cinco. Y pusieron a tres parejas en tres mesas más pequeñas. El resto come en línea de cara a la barra. Creo que comer en la barra, aunque no es una disposición adecuada para hablar con el resto del grupo, es el mejor sitio para disfrutar más aún este restaurante, ya que ves cómo preparan los platos. En el restaurante no hay carta de ningún tipo, ni de comida ni de vinos. Ellos van sacando platos y te aconsejan alguna bebida. Con esto último hay que tener cuidado si no se desea ver la cuenta crecer más de lo normal. Una pareja que cenaba conmigo me comentó que, la vez anterior, se dejaron aconsejar y acompañaron un par de platos con unas copas de cava. Las cuatro copas en la cuentas ascendían a 30 pavazos. Los platos son muy elaborados y están cojonudos. La cadencia es la adecuada. Por cada plato te comentan cuál va a venir después por si quieres pasar, o no se desea uno para cada uno. La gente que ha ido varias veces y se conoce algunos platos (aunque cambian el menú con mucha frecuencia), pueden pedir que no traigan alguno o pedir más cantidad de otro. Los camareros son todos jóvenes y te sirven varios, alternando mesas, soltando a veces alguna chorrada al servirte, para afianzar el buen rollito. Para mofa de una de las camareras, nos pidieron encarecidamente que le cantáramos entre todos el cumpleaños feliz. La hicieron salir al centro del local y, se puede decir, que no disfrutó de la situación, aun entonando todos perfectamente. Al cabo de ocho o nueve platos, cuando ven que disminuye el ritmo de ingesta, preguntan si sacan más o paran. También a la hora de los postres dan a elegir. Te cobran por plato y bebida consumida, aunque no se puede saber a priori el precio de los mismos, al no disponer de carta. Salimos a 60 pavos por barba, que me parece que está fenomenal para cómo están elaborados los platos y la cantidad.

Debes acceder para ver el resto del contenido. Por favor . ¿Aún no eres miembro? Únete a nosotros

3 respuesta a “Enero 2018 – Restaurante La Gastro”

Deja un comentario