Diciembre 2016 – Restaurante Membibre

  • Hora: 14:00
  • Fecha: 17/12/2016
  • Lugar: Restaurante Membibre, c/ Guzmán el Bueno, 40
  • Asistentes: Jose, Turi, Pepe, Iker, Juanle, Angulo, Paulino, Gumi, Juan, Alberto, membibreOrio, Txomin y Joseba.
  • Ausentes: Iñigo y Chino
  • Redactor del acta: Joseba.
Menú preparado por Manolo (no tuvimos que pensar nada):
  • Empanada (masa maíz) espectacular
  • Salmon marinado y ahumado con salsa raifort
  • Tartar de pulpo con su ensalada
  • Pulpo en tempura y kimchi
  • Ensalada de bacalao natural
  • Calamar de potera a la andaluza
  • Chili crab
  • Tintorera en adobo de curry verde (fuera de serie)
  • Navajas y mejillón en escabeche
  • Gamba blanca a la sartén
  • Callos a la sanabresa
  • Morcilla del señor Natalio de León un poco picante con huevo pochado
  • Chuleta de buey con 6 meses de trabajo
Postre:
  • Suflé Alaska (bizcocho fruta variada turrón)

Vinos:

  • Blanco:    Clave de sol, D.O. Cariñena, uva chardonnay 2014 (6 botellas)
  • Tinto:   Lan crianza 2012, D.O. Rioja (5 botellas)

Agua Mondariz (5 botellas)

Dobles de cerveza de aperitivo

Cafés y 2 rondas de copas

 Precio:

834,90, a los que hay que sumar los 35 de los tocados navideños que compró Txomin. Pusimos 70 cada uno, dejando 870 para Membibre (una propina de 35 euros), quedando 5 euros de “bote” para las actividades posteriores.

Fotos del Restaurante  Membibre

Previo:

Tuvimos que lamentar la baja de última hora de nuestro presidente Iñigo, indispuesto con una inoportuna gripe, que le dejó en El Papiol pasando envidia.

Los demás, nos habíamos conjurado, a partir de las 13:00, en el Atómico, donde nos tomamos unas cañas (pusimos 10 euros los que estábamos desde el primer momento para pagarlas), antes de partir hacia el Membibre, un poco antes de las 14:00, adonde fueron directamente la pareja de «guatnais» (Iker y Pepe), Juanle y José.

Comida:

Un poco antes de las 14:00 llegamos al restaurante, con ánimo de tomarnos la última cerveza en la barra y esperar a los que faltaban pero, a la vista de que estaba atestada, optamos por dirigirnos directamente al reservado, acompañados por Vicente que rápidamente nos organiza una ronda de dobles de cerveza para esperar a Iker y Pepe (Juanle y José acababan de llegar). En eso se presentó Manolo y nos ofreció una empanada con una masa de maíz que el prepara, que estaba buenísima, a modo de aperitivo mientras esperábamos a Iker y Pepe, pero no esperamos mucho, porque llegaron casi a la vez que la empanada, que también tuvieron oportunidad de probar. Esto hizo que las cervezas que pedimos, dado que empezábamos con el menú propiamente dicho, no las llegamos a terminar.

Manolo volvió a aparecer antes de que empezará el desfile de platos y nos recriminó diciendo “y yo que pensaba que lo primero que me ibais a comentar era la bodega que me he montado…”; y es que en la pared del fondo del reservado, ahora hay una gran cristalera que deja ver una amplia bodega climatizada (temperatura y humedad controladas), y que nos faltó tiempo de ir a admirar y sacar unas fotos.

En el salón, igual que el año pasado, había dispuestas otras dos mesas pequeñas, que se ocuparon un poco más tarde. Manolo nos comentaba que en estas fechas trabaja a destajo (el comedor estaba a rebosar y la cocina hervía de actividad) y que no tenía ninguna gracia hacerse rico trabajando.

La placa, que justo hace un año y en este mismo lugar aprobamos regalarle (y que se hizo en febrero) seguía colocada en la vitrina del comedor.

Y sin más dilación, y con todos los gorros repartidos (este año Txomin se estiró y nos trajo unos tocados muy elegantes), nos dispusimos para el homenaje. Que esta vez consistió en un menú largo (12 platos + 1 de postre) y prácticamente inédito (Txomin me comentó que se notaba la “moda” oriental que parece extenderse). En la mesa teníamos dispuestos los dos vinos que nos acompañarían toda la cena: uno blanco de Cariñena que estaba espectacular y un tinto clásico de Rioja, de forma que cada uno podía ir eligiendo qué vino quería en cada momento. Eso sí, el sitio en la mesa, con 2 copas de vino y un vaso para el agua por comensal, era más bien escaso.

Empezamos con un salmón marinado y ahumado con salsa raifort, delicioso, comparable al Carpier (que lo mismo lo era). El tartar de pulpo estaba bueno, pero no levantó pasiones. Seguimos con más pulpo, esta vez en tempura y con kimchi, plato muy conseguido. La ensalada de bacalao natural (que tenía una textura fantástica) pasó por la mesa sin pena ni gloria. Más elogios provocaron los siguientes platos, unos calamares de potera a la andaluza, el chili crab (una especie de txangurro picante) y, sobre todo, la tintorera en adobo de curry verde (a mi entender, el mejor plato de la tarde). Otro par de platos de transición, las navajas y mejillón en escabeche y las gambas blancas a la sartén, dan paso a un imprescindible en esta casa, los callos a la sanabresa, que devoramos con fruición (en este plato, dejamos el blanco, que había sido consumido mayoritariamente, y pasamos al tinto). El siguiente plato, otra novedad, no nos convenció: la “Morcilla del señor Natalio”. La chuleta de buey ¡¡con 6 meses de trabajo!! fue un estupendo colofón a este largo menú, antes de dar paso al estupendo postre (aunque tal vez escaso para mi gusto) consistente en el Suflé Alaska (bizcocho, fruta variada y helado de turrón).

No hicimos ningún amago de poner asteriscos, pero no porque alguno de los platos no lo mereciera, sino porque estábamos absortos en nuestras cosas y más que amenas conversaciones. 

Tras los cafés y antes de las dos rondas de copas que siguieron, y aprovechando que nos habíamos quedado solos en el reservado, entonamos el “Mañana marcho” y el himno, este con Iñigo escuchando (para su pesar) al otro lado del teléfono. El “Caballo Prieto” fue un poco accidentado por la cantidad de risas que lo fueron interrumpiendo, pero conseguimos terminarlo. Nos despedimos de Iñigo deseándole una pronta mejoría y dimos por terminado el recital.

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